Las joyas de plata son uno de los presentes más hermosos y perdurables que se pueden hacer. Por su color, por su brillo, por su durabilidad. También son un una inversión segura para el que desea concentrar su dinero en un bien de cotización estable.

Al elegir una joya de plata es importante saber qué es lo que realmente nos están ofreciendo. Existen diversas denominaciones para las aleaciones de plata, y de no conocerlas, podríamos llevarnos una desagradable sorpresa, y terminar con una pieza de bisutería en lugar de una joya de plata.

Plata de ley: todas las joyas de plata tienen que poseer en su composición plata de ley. Esto es: plata que en su aleación (combinación con otros metales, como el cobre) respeta los porcentajes y controles establecidos por la legislación vigente. La pureza de la plata de ley se señala mediante tres dígitos. La plata 800, por ejemplo, es una aleación que tiene un 80% de plata y un 20% de otro metal.

Plata 800: Es el grado mínimo de pureza que una joya debe poseer para ser considerada una pieza de plata fina.

Plata 925:  También llamada “Plata Sterling”, posee una pureza de 92,5%, y es el tipo de aleación que se utiliza Inglaterra acuñar sus famosas monedas de plata. Es el mayor grado de pureza que se encuentra en la joyería fina.

Plata Baja o Peruana: ofrece una pureza de 40 al 60%, y sus productos son de baja durabilidad. Suele ser el material utilizado para el chapado o cobertura de bisutería de alpaca, cobre y otros metales.

Plata Alemana: la falsificación más habitual. Tiene un brillo similar al de la plata Sterling, pero es una aleación de níquel y cobre, de muy corta vida útil.